Te tiene que gustar la gente que no se rinde ante la ignorancia generalizada. Sé que suena fuerte decir cosas así, especialmente en español (y en España), pero la verdad es que si te rindes ante el pensamiento basura de la gente que piensa que lo sabe todo sin necesidad de aprender nada (sean ricos, poderosos, carismáticos, o simplemente agresivos y/o violentos), si te rindes ante la gente que desprecia a los que son más inteligentes que ellos o a los que se esfuerzan más en aprender, estás haciéndoles un deservicio. Porque acabarán creyendo que además de poder, tienen razón. Se sentirán vindicados en su lógica cavernícola. Y nada cambiará. O peor: todo se irá al carajo.
Cuando los Dawkins, Dennett, Hitchens, Pinker, Harris, Churchland, et al, y una lista cada vez más amplia de científicos y pensadores, desmontan la ignorancia endémica de la especie humana y anuncian una guerra sin tregua contra la sinrazón, los aludidos se rebelan. Los de izquierdas y los de derechas, los psiquiatras y los filósofos, los religiosos y los videntes, los espirituales y los de la nueva era, se rebelan sin causa, sin sentido, y sin pensárselo dos veces. ¿Por qué? Porque temen (porque saben) que se les acaba cualquier pretensión de razón. Porque contra un argumento científico no hay excusas. La razón hay que demostrarla. No basta con haber podido engañar a las masas. Eso es fácil. There’s a sucker born every minute.
Es fácil porque las masas están cableadas para “abrigarse alegremente en la superstición, la magia, y la fe ciega, en lugar de quemar las calorías mentales extras que se requieren para pensar de manera crítica y llegar a conclusiones racionales”, dice Hank Davis, profesor en la Universidad de Guelph (Ontario, Canadá) y autor de Lógica cavernícola: La persistencia del pensamiento primitivo en el mundo moderno.
“No es necesario caer por defecto en ese tipo de explicaciones. Pero lo hacemos. Y en realidad, eso es lo que la lógica cavernícola representa”, dijo el Prof. Davis en una entrevista reciente. “Seguimos cayendo por defecto sobre las mismas explicaciones mágicas de nuestros antepasados cavernícolas. Yo no soy capaz de culparles por hacerlo –ellos no tenían ninguna información útil a mano. Pero me pregunto por qué los seres humanos de hoy siguen haciendo lo mismo”.
En mi humilde opinión, los seres humanos de hoy lo siguen haciendo porque el pensamiento cavernícola funciona. Ahora sabemos por qué a nadie que tiene poder en España le importa que tengamos el fracaso escolar más alto del mundo desarrollado. ¡Uf!, se dirán. Menos mal. La lógica cavernícola te permite engañar a los demás con el beneplácito de tu propia conciencia.
“Yo sería más optimista sobre la posibilidad de que nuestra especie pudiera sobrevivir si la pseudociencia, la religión organizada, y una amplia gama de otras delusiones fueran eliminadas voluntariamente”, dice el Prof. Davis a Mary Vallis en The National Post.
Personalmente, yo sería más optimista si viera que a la gente le importa la educación, la competición honesta, la responsabilidad, la decencia cívica… pero importan más el galanteo, la egolatría, la chulería, el espectáculo. A veces me pregunto si no sería buena idea pedir a todos los políticos que formularan una lista de objetivos específicos cuantificables al comenzar su mandato, para poder medirlos contra sus propios objetivos y destituirlos cuando no los cumplen. Pero claro, son ellos los que legislan (y los que no cumplen). Un político nunca va a legislar nada que le obligue a ser más responsable y eficaz. Eso sería como un psiquiatra diciéndole a un paciente que, honestamente, nunca lo va a poder curar. Se moriría de hambre. Usan sus mentes primitivas para seguir viviendo del cuento. Gracias a la lógica cavernícola que sigue dominando nuestras relaciones intraespecíficas, les sigue funcionando.
“Necesitamos ver a nuestras mentes de la Edad de Piedra como lo que son, si queremos tener la esperanza de poder arrastrarnos, pateando y chillando, hacia el siglo 21… Nuestros cuerpos parecen estar adaptándose bastante bien; son nuestras mentes las que son cada vez más obsoletas”, dice el Prof. Davis.
Quizás todo esto es parte de la selección natural. Quizás existe un algoritmo evolutivo que asegura que las especies culturales y tecnológicas no sobreviven porque sus mentes no son capaces de adaptarse a tiempo.
Pero te tienen que gustar esos tipos que se niegan a aceptar esa posibilidad y se rebelan pataleando y chillando. I've got an algorithm for you right here...