¿Qué coño es la “moral”? Los propagandistas de credos totalitarios afirman que si no crees lo que ellos creen, no puedes ser “moral”. Claro, muy conveniente. Porque la “moral” es el “conjunto de facultades del espíritu, por contraposición a físico” (sic), y además, es algo “que no pertenece al campo de los sentidos, por ser de la apreciación del entendimiento o de la conciencia” (DRAE). Con un par. Si no estás de acuerdo con su versión de la “moral”, es que no entiendes. Puto materialista que eres.
Eso es lo que nos dicen las religiones (todas las ideologías totalitarias), porque ellas son las únicas capaces de “entender” lo que es la “moral”. Una persona que no cree en dioses (o héroes) absurdos y grotescos no puede ser “moral”. Ni siquiera “normal”. Sólo los que creen en idioteces supernaturales pueden conocer los secretos de cosas que conciernen “al fuero interno o al respeto humano” (DRAE). Un mono, por ejemplo, no puede ser “moral”; sólo lo puede ser un mono que cree en Dios. Qué gente.
Bien. ¿Qué gente? Pues la gente cortita. Cortita no solo intelectual, sino también moralmente, porque si quitas todas las memeces supersticiosas del concepto de “moral”, lo que queda es, sencillamente: “The quality of being in accord with standards of right or good conduct”. ¿Qué tiene que ver un creador inventado con la correcta o buena conducta? Cero, gilipollas.
Ahora, ¿qué tiene que ver un creador inventado, un credo totalitario, con la incorrecta o mala conducta? Hmmm. Nos vamos acercando a una respuesta funcional.
“El mejor, Roberto, no ha de necesitar a nadie; debe saber, es cierto, pero también ha de inspirar miedo. Si no inspiras miedo a nadie, ni nadie se siente cohibido al mirarte, entonces es que en el fondo no has llegado a ser auténticamente capaz”. (Stefano Saviano a su hijo, Roberto; en Gomorra [De Bolsillo, 2008]).
Esto es “moral”. Todas las religiones lo comprenden. En nuestro gran mundo católico, mafioso, pendenciero, mediocre, la moral es exactamente eso: la ausencia de moral. El engaño de la moral disfrazada de miedo.
Stefano, a Roberto, hablando de los boss camorristas: “¿Ves a esos? Son los que mandan de verdad. ¡Son ellos quienes lo deciden todo! Hay quien manda en las palabras y quien manda en las cosas. Tú debes averiguar quién manda en las cosas, y fingir que crees a quien manda en las palabras. Pero siempre has de saber la verdad en tu interior. Solo manda de verdad quien manda en las cosas”.
Esta es la herencia que nos ha dejado nuestra religión en nuestras sociedades y en nuestros memeplejos. El meme católico por excelencia: familismo amoral. Hipocresía mesiánica. Pero esto no solo vive en nuestra religión, y quizás tampoco viene directamente de ella: esto es evidente hasta en las ideologías de izquierdas en nuestros países mediterráneos, absurdas y mesiánicas, totalmente engañosas en lo concerniente a la “moral”, porque para ellos, como para sus enemigos de ideologías de derechas, lo único que importa es “mandar de verdad”.
Y esta es la base moral de las sociedades atrasadas. Nota 8, página 110, The Moral Basis of a Backward Society (Edward C. Banfield [The Free Press, 1958]) citando a Norman Douglass [Old Calabria, Houghton Mifflin, 1915]: “(La) benevolencia desinteresada supera su comprensión, y consideran a cualquier persona [moralmente] buena, como a un débil mental. ¿Es que este hombre no tiene familia, que se interesa en ayudar a extraños? ¿O es que es un infeliz de la naturaleza –un retrasado mental-? Así argumentan. (…) De ahí viene su actitud suave y falsa [¡moral!] hacia el forastero, y esas declaraciones categóricas de cariño sin fin que embaucan al incauto –quieren permanecer para siempre en gracia contigo, porque tarde o temprano podrías serles útil; y si por casualidad logras contentarlos, se asombrarán (filosóficamente [¡moral!]) ante tu grotesca generosidad, tu falta de criterio y circunspección”.
Y luego nos sorprendemos y nos quejamos porque nuestras sociedades no progresan, porque la hipocresía, la envidia, la falsedad, la mediocridad no nos permiten avanzar, económicamente, científicamente, hasta moralmente.
No es que la iglesia católica tenga toda la culpa. Es que no es parte de la solución: es una gran parte del problema. Ojalá la religión fuera lo que pretende ser. Eso quisiera yo, que soy tan romántico e ingenuo. Pero es un puto engaño. Embaucan al incauto para poder mandar de verdad, “mandar en las cosas”: con el miedo y la hipocresía . Y sin embargo nos la siguen metiendo doblada con eso del “fuero interno”. Muy moral. Muchas gracias, padres.