Creerme (o creezme, como queráis), leer el diccionario de la Royal Academy of Spain es muy divertido. Aprendes mucho leyéndolo, el problema es que aprendes más que nada por qué los españoles no aprendemos muy bien. Personalmente, siempre que recurro al diccionario de la lengua, me siento flotar hacia un pasado lleno de telarañas y supersticiones. Mola por un tubo.
Pero al recurrir al DRAE, como decía, es verdad que aprendo mucho. Otra cosa que aprendo es por qué una revolución del pensamiento crítico en español es un deseo casi inalcanzable. Digo casi porque soy bueno. Tonto, ingenuo, pero sin malas intenciones.
Según la Royal Academy española, por ejemplo, ¿qué es el principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida? El alma. Lo juro. Ahí lo tenéis, en blanco y negro. Y nadie se inmuta. Nadie lo cuestiona. De hecho, mucha gente inteligente hasta lo defiende.
¿Por qué? Pues ni idea. Orgullo patrio, supongo. Cosas que yo no podría nunca comprender, porque, como he dicho, soy tonto. Eso de “Royal Academy” suena muy serio, muy oficial. Es uno de mis blancos favoritos, pero debo aclarar que aunque me divierto leyéndolas, no obtengo placer alguno al criticar las memeces pseudofilosóficas que leo en el DRAE. Siento más lástima que otra cosa. Y no necesariamente ajena.
También me vuelve loco buscar en el diccionario ciertos conceptos como, por ejemplo (hay miles): elucubración. “1. f. Acción y efecto de elucubrar”. Estupendo. Pero un momento. Si necesito saber qué quiere decir “elucubración”, ¿eso me lo explica? Si sé lo que quiere decir “elucubrar”, ¿no voy a saber lo que quiere decir “elucubración”? Es evidente que alguien se ha olvidado de pensar.
Otro de mis favoritos:
ecdótico, ca
1. adj. Perteneciente o relativo a la ecdótica.
Gracias, o sabios.
De hecho, parece que los académicos reales lo que no quieren tener que hacer es eso, pensar. Es mejor, y más fácil, repetir las ilustres memeces del pasado. Al fin y al cabo, esto del diccionario oficial no es un servicio público, es un favor que unos perínclitos nos están haciendo a las masas ignorantes. ¿No? Como siempre.
He mencionado muchas acepciones francamente alucinantes en posts anteriores. He intentado tomarlo todo con humor, porque si no, me mareo, en serio.
espíritu
1. m. Ser inmaterial y dotado de razón.
2. m. Alma racional.
¡Virgen de la Homosexualidad! Pero, ¿no podemos al menos interpelar algo como… “Concepto que algunos consideran un…”? ¿Es que estamos dando por hecho -en el royal dictionary nada menos- que los espíritus existen? Porque esto explicaría muchas cosas. Y todas ellas, hmmm, ¿cómo decirlo?, muy typically Spanish. Si me explico.
¿Alma racional? ¿Ser dotado de razón? ¿Hola? ¿Hay alguien en casa? ¿No sería algo más prudente, e infinitamente más serio, al menos reservar el juicio sobre este tipo de cosas? Y más en un diccionario que cualquier crío de siete años va a consultar. Si el demonio es un “espíritu que incita al mal”, y un espíritu es un “ser dotado de razón”, ¿qué va a concluir una mente infantil? O peor aún, una mente adulta... Socorro.
magia
1. f. Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales.
Arte o ciencia. ¡Ciencia! Seres “imaginables”, no “imaginarios”. Resultados contrarios a las leyes naturales.
El caso es que si de verdad fuera posible producir resultados contrarios a las leyes naturales, esos resultados se convertirían en leyes naturales. Pero este tipo de pensamiento no entra fácilmente en la ecuación española. ¿Por qué? Ni idea.
magic
noun 1 the power of apparently influencing events by using mysterious or supernatural forces.
Apparently, en España, el pensamiento crítico es demasiado peligroso para la Royal Academy. Esto sí que es contrario a las leyes naturales.